La ciudad no es para mí
Cada vez estoy más convencida de que vivir en la ciudad no es lo mío. Voy pocas veces y cuando no tengo más remedio. Hay ocasiones en las que me siento más fuera de ese mundo, más lejana de ese barullo de personas que no saludan, de miradas que huyen y conversaciones ajenas.
Cuando esta tarde mi hija se tuvo que marchar y me quedé sola en el asfalto, no se si fue la ausencia de esta criatura que tanto echo de menos, o simplemente ese ir y venir de gente desconocida.
La noche se me echó encima con una luz extraña, sin estrellas y fui a coger mi autobús, de vuelta a lo conocido y a las farolas que dejan ver los astros.






